lunes, 8 de febrero de 2016

Flema abúlica.

La náusea cuelga de mis manos como colgaron todos los “si quiero pero no puedo” que nos atrevimos a decir. Gracias a ti, por irte, trocito de apatía desnudo, indiferencia bailando la nada, ojos de muerto en cuerpo de vivo, cadáver sin féretro del que poder salir. Tenías cuernos de alce y esnifabas nieve en mitad del bosque rodeado de silencio, pájaros que no querían cantar y nubes blancas amenazando más polvo mágico. La náusea colgaba de mis manos pero esa vez decidí sentarme contigo y ver cómo pasaba ante nuestras cuencas vacías la psicodelia hecha de plastilina. Gracias por irte, trocito de tragedia a punto de suceder, lluvia sin agua del cielo, canción interrumpida en el momento adecuado de sonar.

Podría vomitar una y otra vez -hasta quedarme con la yema de los dedos desgastada- todos los fantasmas que abrazaron mi cuerpo desnudo de valentía en las noches más llenas de duda. Podría escribir en más de sesenta cuadernos cómo cogiste la nieve, cómo cerraste los ojos, cómo manchaste mi-nuestra vida de apatía. Podría recrearme en ti, en mí, en mi yo del pasado, en todo lo que no ha existido pero he convivido con ello, en Sombra que me mira una y otra vez a través del espejo, en la voz que no cesa, en el árbol que se cayó justo cuando miré por la ventana, en la ventana de la planta número cuatro del hospital al que nunca quise ir, en el tambaleo estático de aquel enfermo en mitad del pasillo, en las pastillas, las pastillas, las pastillas, el no poder dormir, el no poder bailar, el no poder, el no poder, el no poder más.

La náusea asoma como una legaña a punto de suicidarse a las 7.03 de la mañana en los párpados de la niña que se olvida cada noche de cómo se sueña. La flema sabe a dulces recogidos del suelo tras una fiesta de máscaras matutina. La flema sabe a bosque mecido en niebla y frío. La flema sabe a nada. Sabe a todo. Sabe a Apatía gimiendo desnuda sobre mi cuerpo, sin llegar al orgasmo, tiritando de excitación –dice- aunque siempre creí que fue de miedo.
Podría tararear al miedo este día grisáceo una canción de amor para que se quede pero marchándose. Podría cantar al miedo a no ser nadie, al miedo a serlo todo, al miedo a que se vayan, al miedo a que se queden, al miedo a no reconocerme, al miedo a no reconoceros, al miedo de no ser yo a pesar de sí serlo, al miedo de no saber qué está pasando o por qué lo estoy haciendo.

La náusea cuelga de mis manos como colgaron todos los “si quiero pero no puedo” que nos atrevimos a decir.
Trago mi flema abúlica de emociones.

Me atrevo a seguir. 

sábado, 23 de enero de 2016

Magical.

Como la canción de piano que dura 7 minutos 50 segundos que me hace llorar todo lo que callé, sentí, respiré. 
Como la nota que activa mis ganas de salir adelante, sea lo grande que sea la caída.
Como la ola que te pilla de sorpresa, te moja los tobillos con su agua helada y te invita a quedarte un rato más, mirando el mar.
Como ese objeto que te encuentras y te hace recordar los momentos felices de tu infancia, ni uno malo.
Como las nubes que observas desde la ventana y te dan ganas de soñar.
Como el instante en el que descubres que te quieres, pero que esta vez es de verdad.
Eres. Eres todo esto. Eres más. 
Encontrar la paz que estaba perdida en mi pecho y saber que es gracias a tener tus manos cerca, el hecho de que con mirarnos la sensación de casa-paz crezca. 
You have a power on me...
You-have-a-power-on-me. 
No lo olvides,
no me olvides. 

Soko - You have a power on me

Every little sign of you 
Make me feel so happy
Every little word from you
Suddenly moves me

And I pass my day and my nights
Saying your name
And I pass my day and my night
Dreaming of you

Every little smile you make
Make me smile for days
Every little face you take
Make me lose my way

You have a power on me
That nobody else has on me
Like a bunny out of a magic hat
You're magical when you do that

Every little thing you do 
Make me wanna do you
Every little smile you make
Makes me smile for days

Every little sign of you
Every little smile of you
Makes me so happy
And every little word you say
Suddenly moves me

You have a power on me
You're so magical

jueves, 14 de enero de 2016

Por qué necesito el feminismo.

Hemos crecido con miedo a que el resto no nos acepte porque nos hicieron interiorizar que necesitábamos la aprobación de los demás para ser felices.
Hemos crecido ahogadas con tallas en las que no podíamos entrar, con modelos femeninos en los medios a los que no podíamos aspirar. 
Hemos crecido con "eres una gorda", "das asco por no depilarte", "eres una zorra" y lluvia de comentarios llenos de odio y opresión sólo por ser quienes somos.
Se nos ha dicho que tengamos cuidado al salir de noche solas pero nunca hemos oído cómo decían a nuestro hermano "respeta a las mujeres como te respetas a ti mismo". 
Hemos visto cómo utilizaban cifras de muertes de compañeras para conseguir un voto. Cómo se han reído de quien ha ido a denunciar a comisaría un acoso. Cómo han atacado a una persona simplemente por ser quien es, amar a quien ama, vestir como quiere.
Nos han ridiculizado una y otra vez, pisoteado, nos han escupido en la cara, mandado a la cocina, levantado la mano, arrimado sus genitales a nuestro cuerpo sin consentimiento.
Nos han dicho lo que teníamos que hacer una y otra vez. Hombres votando sobre los derechos de las mujeres en un congreso. Mujeres atacando a otras mujeres por ser incapaces de abrir los ojos y descubrir que no más odio entre compañeras: estamos luchando también por ti, que nos atacas, que nos insultas como los demás, que te crees que oprimir es positivo o normal. 
No queremos ver que las niñas de 11 años tienen miedo de hacer educación física porque ya le han crecido pelos, porque le están creciendo las tetas y los chicos van a mirar constantemente cómo se mueven, porque les han dicho que están gordas o que son feas, que se deberían quedar en casa.
No queremos ver que las chicas de 15 años se esconden en el baño para expulsar la comida que acababan de comer, porque necesitan adelgazar esos "kilos de más", porque en su día a día les hicieron sentir que no valían nada para los demás si no eres "perfecta". 
No queremos ver que las chicas de 17 años tienen miedo a salir con esa amiga que siempre les gustó tanto porque otros van a tachar su amor de "antinatural". Cuando lo único que están haciendo es vivir libres, amar. 
No queremos ver que las chicas de 20 años tengan que enfrenarse a una situación traumática porque el hombre que no la deja en paz al salir a dar una vuelta no asume que un no es un NO. Porque quien le ha dicho un "piropo respetuoso" que más bien sonaba a una alarma ante un posible acoso o un comentario que NADIE le ha pedido sobre su persona, no asume que ella no quiera nada con él y comienza a atacarla. 
No queremos ver un mundo en el que una compañera publique una foto de su cuerpo y tenga cientos de comentarios insultándola, simplemente por mostrarse como es: Libre. 

Os duele la libertad del resto y sois incapaces de asumir que vuestros comentarios, vuestras miradas, vuestros "chistes" son opresión. Estáis perpetuando los miles de asesinatos a mujeres de cada año, estáis perpetuando enfermedades como anorexia y bulimia con cada comentario que creéis que podéis hacer, estáis perpetuando la falta de libertad, luchando contra un mundo mejor, ejerciendo superioridad moral simplemente porque nunca os habéis visto en situación de acoso, opresión o injusticia. Simplemente porque desde ahí todo es más cómodo... pero, ¿hasta dónde uno se siente bien tratando al resto de seres humanos como si no valieran nada? 

Hemos crecido con miedo a que no nos acepten los demás porque nos hicieron interiorizar que eso era lo correcto pero lo que no sabéis es que el feminismo abraza cada uno de nuestros miedos y lo convierte en sororidad, armas para poder combatir todo aquello que nos ha dolido durante años, ganas de formarnos y luchar por conseguir un mundo mejor. 
Un sitio en el que podamos salir de noche sin miedo a ser violadas,
un sitio en el que todas las personas, TODAS, puedan mostrarse tal y como son, libres, y no reciban ni un comentario sobre ello.
Un lugar en el que las niñas no tengan miedo a ser niñas y puedan jugar libres, ser felices.

Y tú, ¿qué vas a hacer por ello? 

martes, 15 de diciembre de 2015

No hables, no mires, no veas todo esto.

Estoy llena de flores húmedas, de césped frío, de noche abierta. 

Estoy llena de cánticos de niños que sueñan saben y gritan que pueden volar.
Estoy llena de amapolas rotas por ver cómo te fuiste la noche que lo hiciste. De saber que lo hiciste por el mensaje que leí a la hora que te marchaste. Que te marchaste y no supe ni llorar porque parecía abstracto, extraño, carente de realidad.

Estoy llena de flores húmedas, martirio constante el de abrir los ojos y parpadear.
Los cierro y me escucho y por qué no puedo dejar de escucharme ni un segundo.
Por qué no puedo ni un segundo cerrar el grifo del ruido, sentir que me he quedado sorda de mí, poder observar la nada y no sentir.
No sentirme gritando. No sentirme rasgando platos a oscuras. No sentirme tiritando en el frío suelo de azulejo al no saber callar a Sombra que me dice que qué es eso del complejo.

Qué-es-eso.

Estoy llena de flores húmedas, de nanas de mi madre cuando buscaba tréboles en mitad del bosque, de paseos en la montaña y gestos risueños, de pasado hecho pasado en mi propia mentira llena de dueños.
Te la regalo, a ti también, a ti también.
Deformado cuerpo carente de verdad, no fui nada más que un muñeco inerte que vagaba buscando un poco de caridad.

Quién va a querer besar el frío de la noche que descansa en tus párpados si no puedes ni cerrarlos, si no puedes soportar que no frenen de llorar, que no hay quien consiga callarlos.

Qué haré con el frío, con el miedo, con el ruido.
Qué haré con todo lo que he creado, que es mío, que me acompaña, que canta en mi noche, que me despierta sudando, que entra en sueños y me dice “estoy aquí, tranquila, sólo me quedaré mirando”.

Cuencas vacías, manos heladas, cuerpos carentes de ritmos.
Qué haré conmigo. Qué haré con el ruido.

Estoy llena de flores húmedas, de tierra húmeda, de labios húmedos.
Estoy llena de historias que fueron yo y que fueron yo y que volvieron a serlo y ojalá no hubieran sido nunca.
Estoy llena de coexistencia entre realidad y paranoia, habitación oscura, luz cegadora.

Busco a tientas el olor a mar.
Busco a tientas su melodía.

Busco a tientas apagar la náusea, frenar el llanto, callar a la niña que tengo dentro.
No hables, no mires, no veas todo esto”. 
No te mereces lo que tengo en el cuerpo. 

martes, 1 de diciembre de 2015

Este desequilibrarme.

Cuando decides abrir al azar la antología poética de Alejandra Pizarnik y te encuentras con un poema que define -casi- a la perfección cómo te sientes, qué fantasmas tienes pataleando por dentro, contra quién estás luchando. 
Cuando decides abrir al azar la antología poética de Alejandra Pizarnik y abrazas su yo poeta por ser capaz de amasar toda esta nada, por hablar de la realidad así, por darle forma a su deformidad, por tratar de dejar cada vértice en su sitio, con cuidado de no darme al intentar no caer. 
Mi propia convergencia dentro de sus sombras y mis sombras viéndose reflejadas en el espejo que la refleja cuando decide no mirarse.
Dónde hemos estado y por qué tienes esos ojos...

MUCHO MÁS ALLÁ

¿Y qué si nos vamos anticipando 
de sonrisa en sonrisa
hasta la última esperanza?

¿Y qué? 
¿Y qué me da a mí,
a mí que he perdido mi nombre,
el nombre que me era dulce sustancia
en épocas remotas, cuando yo no era yo
sino una niña engañada por su sangre? 


¿A qué, a qué
este deshacerme, este desangrarme,
este desplumarme, este desequilibrarme
si mi realidad retrocede
como empujada por una ametralladora
y de pronto se lanza a correr,
aunque igual la alcanzan,
hasta que cae a mis pies como un ave muerta? 

Quisiera hablar de la vida.
Pues esto es la vida,
este aullido, este clavarse las uñas
en el pecho, este arrancarse
la cabellera a puñados, este escupirse
a los propios ojos, sólo por decir, 
sólo por ver si se puede decir:
"¿es que soy yo? ¿verdad que sí?
¿no es verdad que yo existo 
y no soy la pesadilla de una bestia?"


Y con las manos embarradas
golpeamos a las puertas del amor.
Y con la conciencia cubierta
de sucios y hermosos velos,
pedimos por Dios.
Y con las sienes restallantes
de imbécil soberbia
tomamos de la cintura a la vida
y pateamos de soslayo a la muerte. 
Pues eso es lo que hacemos. 
Nos anticipamos de sonrisa en sonrisa
hasta la última esperanza. 

A. Pizarnik

martes, 24 de noviembre de 2015

Más fuertes que el miedo.





El sol araña con fuerza mis pupilas,
sonrío a ambos lados...
No os conozco pero,
sé que sois mis hermanas.

Nos cogemos la mano y gritamos rasgando la garganta.
Nuestra garganta grupal: La que trabaja para sostener el nudo que tenemos dentro, la que logra que no nos tiemble la voz.

Hemos llorado siglos de sangre.
Hemos aguantado calladas.
Hemos cerrado los ojos para no ver el daño
que nos hacían,
la muerte en nuestros pómulos,
la tristeza tiritando.

Nos han tocado a una
       a otra
            a otra.

Nos han pisoteado a todas porque
con una de millones
ya habría sido bastante.
Habría sido suficiente
-y OJALÁ no hubiera sido nunca-
para marcar su golpe en nuestro cuerpo,
para sellar la tragedia en el suyo.

Miles de golpes anuales.
Cientos de golpes en meses,
Y las heridas no cierran.
Y a veces,
no se ven.
(el lenguaje puede ser tan malo...)
Las heridas se abren aunque no nos veamos,
aunque estemos en países distintos,
aunque sean asesinos diferentes.

Nos cogemos la mano y sabemos que somos más fuertes que el terror que gira en torno a su violencia.
Podemos cambiarlo.
Podemos cambiarlo.
Podemos cambiarlo.

Por la que no puede elevar la voz
porque no le quedan fuerzas
por la que no es capaz de salir de la cama
porque no le quedan fuerzas
por la que no sabe ni cómo sentirse
porque no le quedan fuerzas
por la que ha decidido rendirse en lugar de luchar
porque no le quedan fuerzas
por la que está a nuestro lado y nunca ha manifestado nada
porque no le quedan fuerzas

por las que tienen fuerzas
y pelean
por las que tienen fuerzas
pero no quieren pelear
por las que tienen fuerzas
y no saben que las tienen
por las que tienen fuerzas
y nos llenan de energía
por las que tienen fuerzas
y nos recuerdan que tenemos que pelear
que no, NO nos vamos a conformar

por las que ya no están
pero estuvieron
(y seguirán a nuestro lado)
por las que todavía no son conscientes
del daño acumulado

por seguir siendo una
aunque seamos millones
aunque no sepamos ni nuestros nombres

porque somos hermanas
de lucha
de cuerpo
de sangre
de planeta
de vida
de amor

por cada una de nosotras
por todas

El sol araña con fuerza mis pupilas,
no contengo la emoción.
Gracias por estar aquí:
Cientos,
miles,
las que no han podido venir,
las que nunca podrán hacerlo.

Gracias por estar aquí y recordarme quién soy,
quiénes somos, lo bueno de serlo.

Cojo la mano de mis hermanas, abrazo a las cientos de miles que han venido a caminar conmigo, a las cientos de miles que me han dejado hacerlo a su lado. Y levanto el puño. Y vuelvo a hacerlo.
Somos más fuertes que el terror que gira en torno a su violencia. 

Podemos cambiarlo.
Podemos cambiarlo.
Vamos a cambiarlo. 





Fotografías de la maravillosa Merche,
más en su IG: https://instagram.com/chochomoja0/


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domingo, 8 de noviembre de 2015

Lo que no, lo que sí y lo que podría.

Cosas que no quiero volver a hacer: 

1. Dejar un trabajo o examen para el último momento.
2. Beber alcohol en exceso.
3. Vomitar.
4. Intentar vomitar.  
5. Mentir al resto de personas de mi entorno.
6. Mentirme a mí misma.
7. Obsesionarme.
8. Forzarme a superar traumas con mayor facilidad.
9. Hacerme la víctima, de lo que sea.
10. Hablar con mis padres sobre sexualidad / homosexualidad o sobre la iglesia.
11. Trabajar captando socios para una ONG.
12. Comer en Mc Donald's de Gran Vía.  

Cosas que quiero volver a hacer: 

1. Patinar.
2. Ir al mar.
3. Ir al norte.
4. Despertar abrazada a Gab.
5. Sentirme realizada escribiendo.
6. Participar en un recital.
7. Tomar un cono de helado.
8. Montar en avión.
9. Cerrar los ojos bajo agua y escuchar su silencio.
10. Sacar buena nota en cualquier tipo de examen y sentir que lo merecía.
11. Ir al Rototom.
12. Montar en caballo.

Cosas que me habría gustado ser:

1. De origen africano.
2. Pelirroja natural.
3. Hermana mayor.
4. Simétrica.
5. Bilingüe, trilingüe.
6. Millonaria económicamente hablando.
7. Hermana gemela.
8. Hija de Chuck Palahniuk.
9. Escritora.
10. Piloto de aviones.
11. Astronauta.
12. Público de un concierto de Sigur Rós.




("Lo que no, lo que sí y lo que podría" es ese recopilatorio que te sientas a hacer en determinado punto de tu vida, entre una sonrisa y un precipicio interior, cuando parece que ya no eres la persona que fuiste y que estás siendo la que quieres llegar a ser. Ojalá me entendáis, ojalá la vida que queráis y la que tengáis sea la misma). 

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