miércoles, 28 de octubre de 2015

Los nueve "aunques" que emocionaron a Devendra Banhart.

A veces Devendra Banhart.
Aunque duela, aunque alegre, aunque manche todo de nostalgia, aunque “sí pero no”. 
Que no eres tú solo, eres tú y tu ejército de personas que os dedicáis a entrar en la vida de otras buscando únicamente algo emocional – sexual, no lo encontráis y desaparecéis. 
¿Y el afecto que se genera? ¿Y el abismo que nace entre la duda y lo no hablado? ¿Y mis ganas de saber mínimamente si sonríes aunque estemos juntos pero en mundo paralelos y no en el mismo?

A veces música
revolotea por casa
y giro,
canto,
río,
lloro,
todo a solas.

(A pesar de Sombra,
que mira,
cierra los ojos,
bosteza,
araña el cristal de las ventanas,
me dice que va a llover,
arranca las hojas de mis libros favoritos,
susurra que no vamos a poder…)

[...]

A veces Devendra Banhart y las canciones que no escuchamos juntos. 
Aunque no me leas, aunque nunca nos hayamos echado de menos.

Siempre buscando el momento en el que cerrar los ojos y volver a sentir que somos las personas más felices del cochino mundo. 
Aunque sea por un instante, aunque nunca nos hayamos conocido.

Somos estrellas ardiendo en la noche pero nadie nos avisó de que acabaríamos quemándonos. 
Mira cómo brillo, mira cómo me fundo, mira cómo duelo.
Mamá, ya sin manos.

Tristeza goteando sueños derramados por las paredes y este año será el mío, este día será mi día, este momento será único, una vez más, por si todavía no lo habíamos intentado lo suficiente.

Bellísimo error humano, deja de darte golpes contra la misma pared. Al menos, busca otra. 


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sábado, 24 de octubre de 2015

Anotaciones carentes de sentido de octubre.

1. Siento su pudor en mis manos
y la impotencia del por qué tú
tuviste que vivir aquello.
Por qué tú.
Ya no hay metáforas que abarquen
lo que navega en mi pecho.
"Ni una menos, ni una más" me repito.
Eso que usan de objeto, es nuestro cuerpo.
Te mereces ser todo lo libre que quieras,
aunque te hayan dicho que ese no es el camino recto.

2. Luces tiemblan
trocitos del pasado
un barco navega
tu mano en mi costado.
No sé qué esperan,
por qué no luchan contra lo que nos han robado.
Toda una montaña de mierda
por no exteriorizar
lo que he callado.
Que me duele tu boca
y tus ojos
y tus manos.
Me duele que nunca hayamos hablado
de lo que le hiciste
a nuestro.
Ya no quiero vuestro abrigo.
No lo quiero.
No lo quiero.
No-lo-quiero.

3. Dónde está el aire cuando se trata de frenarlo todo para poder respirar.
Que si no tengo aire previo no podré aguantar y tampoco me queda tiempo para esperar.
Viajes lisérgicos para ti.
Yo tampoco nos echo de menos.
Un gran vacío en el pecho donde antes solo había flores.
Solo había flores.
Sólo son flores.
(Y no sé cuántos gramos de pastillas a las semana).
Ya no voy a volver a bailar.

4. Al final del tren estabas tú y me abrazaste.
Volvíamos a ser niños y a corretear juntos por el césped.



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martes, 20 de octubre de 2015

Carta a mí misma en la primera hoja de un cuaderno nuevo.

Todo lo que nos une y nos des-une
viajará contigo allá donde vayas.
21 años gritándonos y todavía no soy capaz
de explicarte con palabras
cuánto, cuánto lo siento.

Todo.
toda esta nada. 

Quizá fue el miedo o la duda o puede que el complejo
que vino con aquella enfermedad.
Nunca quise toda esta nada.
Nunca quise llegar hasta aquí. Así.

Si estuviera en mí borraría todo el pasado cargado de daño.
(Aunque ya no sería la persona que soy. Entonces, ¿quién sería?) 

Borraría el cúmulo de mentiras, la necesidad de llamar la atención,
de ser   p r o t a g o n i s t a .
Miradme. 
Borraría el desorden alimenticio, las venitas marcándose en mis pómulos,
en mis párpados.
Borraría tantos años que volvería a ser niña
contigo.
-Seguramente, así, no habría existido el insomnio-

Me gustaría pensar que nadie tiene la culpa. Que fue la situación, el contexto, la depresión en el resto, el monstruo que fue apretando un poco más,
un poco más
el corazón.
Pero no. Es mía. Toda m í a . Es mi culpa. Mis lloriqueos de niña de siete años, mi montón de mierda manchando el entorno. Mi "quién cojones soy".
Soy mi propia traidora. 

Y lo sé porque te dejé a un lado. Porque no escribí ningún libro. Porque dejé mucho tiempo -años- de hacer poesías. Porque fumé, bebí, y volví a fumar para apagar el cochino mundo en el que vivimos. Porque nunca me compré aquellas botas de lluvia amarillas. Porque dejé de ser yo. De ser tú.
Pero esta vez quiero que te quedes conmigo.
Te lo ruego: No vuelvas a irte, por favor.
Necesito mi niña interior. La necesito.
Te necesito.

Coge los mandos y lleva el control. Quizá no sea justo añadirte un alquiler y un trabajo mal pagado para comenzar. Pero de verdad. Te necesito. Me necesito.
Coge los mandos y lárgate a vivir en el mar, escribe como mínimo diez libros, cómprate las botas de lluvia y vete a pescar.
Haz todo eso que olvidé a los doce y que tan bien hacíamos. Vuelve a dibujar. A patinar. Coge la guitarra, reviéntate los dedos de tocar.
Te regalaré un piano si -te- prometes que te quedas aquí, a mi lado, que no te vas a marchar.

No borraré el daño. Lo sé. Seguirá existiendo.
Y aunque aparezca en forma de sombra por las noches, juro que lo voy a aceptar.

Me voy a abrazar.
Me voy a perdonar.

Como dijo Kase:
"Voy a mirarme en el espejo
y me voy a perdonar -por fin-
por el daño que me he hecho". 

Déjame volver a empezar,
una vez más.

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sábado, 17 de octubre de 2015

Cometa Halley.

No existe día que no me acuerde de ti
como no existe día que no me culpe
por no haber ido a verte la última vez que pude.
Es increíble que todo haya seguido como si tú
pequeño capitán de barcos de papel,
pirata, vaquero o esquimal
no te hubieras ido.

Que los árboles hayan continuado su baile
que los niños vuelen a ras de suelo en el parque
que los pájaros canten entre ruido de calle…
Todo sin ti,
como si nunca te hubieras ido
como si nunca hubieras existido.

Las amapolas del mar perdieron los tonos cálidos
y te los regalaron a ti.
Para que no tuvieras frío en el viaje,
para que llegaras sano y salvo,
para que te pesara un poco menos el equipaje.

Esa alegría, ilusión, honradez y coraje
que no se perdiera
que así marcharte,
no te doliera.

No sé si te fijaste pero las golondrinas acariciaron el cielo el día que tu cuerpo se convirtió en hielo.
No sé si pudiste darte cuenta de que el sol brilló con más fuerza alegrándose por tener una estrella nueva cerca.
No sé qué pensaste cuando lloramos tan tan, tan, desconsolados cuando tú pequeño indio, astronauta, domador de tigres, mago sin trucos y solo magia, todo libertad, dijiste que querías que fuera una fiesta, que no querías ver un cuerpo desolado.

Te juro que no lo sé.

A veces sonrío y sólo a veces
por todas esas que tú lo hiciste sin fuerzas.

Por ti, una vez más diré que estoy bien,
que no me pesan los párpados por no dormir,
que no siento un escalofrío
cuando pienso que podía haber ido y no fui.

Sonrío, por ti.
Por cuando éramos pequeños y correteábamos en el césped.
Por ti.
Por cuando te enamoraste por primera vez y fue correspondido.
Por ti.
Por cada ilusión que abrazaste, aunque ya no fuera conmigo.

Ojalá sonrías tan fuerte
que el resto de estrellas
se fundan de envidia.

Ojalá tus padres puedan sonreír pensando en la obra de arte que hicieron al tenerte, aunque tuvieras que marcharte, aunque desde aquel día no puedan volver a abrazarte.

Te convertiste en un cometa Halley.

Vuela lejos, compañero.


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domingo, 11 de octubre de 2015

Ni una menos.

¿Por qué tengo que sentir miedo a las dos de la mañana esperando un bus nocturno que me lleve a casa después de haber estado cuidando niños?
Por qué tengo que sentirme insegura, estar alerta, pensar cómo defenderme en caso de tener que hacerlo, no poder sentarme a leer tranquilamente a esperar la media hora que me corresponde para coger el bus.
Podría ser que yo soy una paranoica, que exagero -como todas-, que realmente estamos provocando. Pero, ¿sabéis qué? Eso es mentira. Totalmente una mentira, una basura.
No exageramos sintiendo miedo cuando realmente todas -o la mayoría de nosotras- nos hemos visto en alguna situación de acoso en un momento puntual de nuestra vida.
Desde lo "mínimo" que puede ser que alguien nos diga algo: sobre nuestro físico, sobre lo que quiere hacer con nosotras, hasta llegar a violaciones y demás situaciones que han vivido muchas de las mujeres que nos rodean.
Situaciones que en la mayoría de casos no se denuncian por miedo, por dudas de llegar a una comisaria y que todavía se rían de ti, por cada "ibas provocando" o "qué hace una chica como tú a esas horas en la calle".
Una chica como yo -y como todas- debe poder ir a cualquier hora que quiera por la calle. Con la ropa que quiera. Con la cara que quiera. Con el pelo que quiera. Debe poder hacer eso y no escuchar ningún comentario tachando su imagen, sexualizándola, rompiendo la privacidad que ¡sorpresa! deberíamos tener pero "es normal" que la gente nos diga cosas.
"Es normal" que nos digan piropos. "Es normal" escuchar cualquier comentario. Y no. No salimos a la calle para sentir que somos objeto de mirada o de placer de muchos que lo único que transmiten al abrir la boca es miedo, asco e inseguridad. No salimos a la calle para escuchar cómo somos según vuestros ojos, porque ya tenemos los nuestros. Tenemos nuestra mirada que cada día nos hace sentirnos de una forma.
¿Por qué tengo que sentir miedo a las dos de la mañana esperando un bus nocturno que me lleve a casa después de haber estado cuidando niños? ¿O después de haber salido de fiesta? ¿O después de hacer lo que quiera con mi vida?
No somos objetos y estamos cansadas de que nos utilicéis como ello. No somos vuestras mujeres, vuestras amantes, vuestros maniquíes con los que jugar. No somos todo eso. (A no ser que alguna de nosotras decidamos serlo).
Y no generalizo. ¡Por favor! En lugar de ir al "odia-hombres" o al "no todos los hombres somos así" vayamos al punto de vista de las mujeres que en algún momento se han sentido acosadas y luchemos para que eso no se vuelva a repetir. Claro que no todas las personas somos de la misma forma. Claro que cada uno tenemos nuestra perspectiva. Pero algo muy importante está sucediendo y es que seguimos sintiendo miedo, y si el miedo existe es porque las situaciones no frenan. Porque un hombre mata a su mujer en una paliza pero el titular es "Se encuentra una mujer muerta" en lugar de "Hombre mata a su mujer". Porque se está tapando. Porque nos estamos centrando en terminología y en insultar al colectivo feminista cuando feministas deberíamos ser todos. Del sexo que sea, de la edad que sea, de la cultura que sea.

Si se inculca desde que somos críos que hay que respetar a las mujeres, a los hombres, a todas las personas. Si se inculca y se respeta que todos tenemos nuestro espacio, nuestra privacidad, nuestra LIBERTAD para vestir como queramos o pasear a la hora que nos apetezca por donde sintamos, nos ahorraríamos toda la mierda que estamos viviendo.

Si algún día tengo hijos -y en especial hijas- no quiero ser la madre que necesite decir que tenga cuidado en X sitio en concreto porque no quiero que este trato siga existiendo. Que se borre el miedo. Que se borre el maltrato. Que se borre el utilizar a las mujeres como objetos de uso y se empiece a respetar la vida.

La propia y la del resto.

NI UNA MENOS, NI UNA MÁS.
Nos queremos  l i b r e s .





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invisible monsters



 - ¿Cuándo dejó el futuro de ser una promesa para convertirse en una amenaza? 


viernes, 9 de octubre de 2015

Sin noticias de Reikiavik.


Silencio juega con Ataraxia
en el parque de la nostalgia
-allí donde los pájaros cantan
tristes melodías de esperanza-.
Se columpia un niño a oscuras
levantando la punta de los pies

alcanzando las farolas,
hasta llegar donde las estrellas
se enamoran de nubes
que lloran
tímidas
a solas.



(Sin noticias de Reikiavik y todo lo que supuso a la niña con nueve, diez, ¿once como máximo? años que era cuando lo escribí.
Ese silencio en el parque y toda la narración que puede tener una escena llena de aparente nada...) 





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domingo, 4 de octubre de 2015

Video Home System

Si sigo mirando la lavadora a oscuras
es probable que aparezcas con una copa en la mano
las pupilas dilatadas
y la sonrisa de no habernos separado nunca.
                
Retrocedamos.

Nevaba y decías
“reinvéntate”
mientras esnifabas
sueños derramados
por cualquier rincón
de tu casa
y yo sin ilusión
tumbándome a tu lado
aprendiéndome tu olor.

Avancemos.

Sombra me dice que qué
yo digo nada
hasta cuándo así
y no sé si romper a
o encender una estrella fugaz
a ver si con un poco de suerte
me salva de esta ciudad sin mar.

Retrocedamos.

“Al final todos buscan follarte”
¿Únicamente?
Y no obtener respuesta.

Cuerpos de papel deslizándose por casas llenas de alfileres.

Como el globo de helio del que te acabas de despedir
como el tren que ves marchar
como el barco al que no te subirías nunca
nunca
nunca
por miedo a vomitar.

Avancemos.

Todas las canciones psicodélicas
que trepan por mi ombligo
y yo con la suerte de despertar
una vez más
todavía
contigo.

Y no tú
sino él
que está lleno de vida
y yo que tenía
tanto tanto
miedo a la muerte.

Retrocedamos.

“¿Has probado alguna vez el LSD?”
¿Y tú a pasar tres días sin despegar?
Que no me gusta tener los pies en el suelo
me dices
Vuelve a poner esa
me recuerda a la sensación post-Joe Black.

Avancemos.

Los pezones fríos
y el alma tiritando.

Esta lavadora 
no para de girar
tengo miedo
de Sombra
que me mira y me dice
hasta dónde puedes llegar.



(Video Home System es esa sensación constante de volver a recordar momentos aleatorios de tu vida que pagarías millones por poder sacártelos de tu cabeza y no volverlos a dibujar a oscuras. Es ese momento con el mando del reproductor de vídeo y tú paseándote hacia delante, hacia detrás, volviendo a ver esa escena, sacando la cinta y dejándola en un sitio donde no la volverás a ver jamás).



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jueves, 1 de octubre de 2015

Foto analógica en la que sales encendiéndote un cigarro y tienes patillas de los años 70.

Fuerte, fuerte, más fuerte.
No dejes que el cerebro pueda contigo, no, él no, que tú eres más fuerte.
Fuerte, fuerte, fuerte, un poco más fuerte.
Puedes aguantar.

Y no nos decimos que nos queremos, y no nos decimos que esa es nuestra única verdad, y brilla, brilla, brilla.
Sabes que cada vez que te cojo la mano es para despegar de aquí.
Fuerte, un poco más fuerte.
Aguanta, ya queda menos para volar.
Sé que puedes ser feliz. 




Cuelgo el teléfono y me tiembla en la voz toda la tristeza que había escuchado en la tuya. Que estás cansado, lo sé. Claro que lo sé. Que no entiendes por qué tenemos que pagar los mismos siempre todo. Todo y nada. Pero los mismos.

Los mismos que os despertáis a las seis de la mañana y llegáis a casa a las 12 de la noche para cobrar un sueldo que no va a cubrir todos los gastos.

Los mismos que no os habéis rendido, que habéis salido de la cama cuando realmente no podíais, que habéis sido tan, tan valientes.

Has sido tan valiente.

Tantos años.

Tanto peso en tu espalda y tú todavía saliendo a las seis de la mañana de casa para construir el mundo. 

Y tú todavía saliendo a las seis de la mañana de casa para que las personas que quieres podamos vivir en ese mundo.

Y tú todavía saliendo a las seis de la mañana de casa para que el mundo, sea más mundo, menos tristeza.

Menos personas que no se merecen el poder.
Menos odio.
Menos injusticias. 
Menos no-conseguir-nuestros-sueños.

Claro que el dinero es importante pero
siempre pusiste en mis manos un libro,
me regalaste un cuaderno cuando te lo dieron a ti 
para trabajar en él,
para seguir construyendo un universo en el que podamos comer,
y me lo regalaste. 

Me regalaste excursiones eternas entre montañas, 
viajes en tren,
a solas, 
haciéndome sentir importante entre siete hermanos, 
enseñándome a usar la cámara analógica
o preguntándome sobre la última historia que leí.

Recuerdo nuestra última excursión 
-que realmente era una visita a la abuela antes de que muriera-
había nevado y caminábamos por las vías del tren que llevaba sin pasar desde hacía años.
Te contaba que me gustaba un chico y tú sonreías por dentro porque nunca de esa forma tan directa, tan sincera, habíamos hablado.
Te hablé sobre el sueño que se me repitió durante siete noches,
me dijiste que lo escribiera, 
y acertaste:
No lo volví a tener.

Siempre me he sentido un poco como tú
aunque me haya costado años reconocerlo
culpándote cuando era niña de que no estuvieras en casa
y lo único que hacías
era trabajar duro para que pudiéramos seguir viviendo en ella.

Que no me ha faltado de nada
que lo he tenido todo
porque hemos estado juntos.

Que otros niños tenían más vacaciones,
más regalos,
más comida especial,
pero no te tenían a ti.

No te tenían a ti saliendo como un héroe de cada ingreso del hospital

No te tenían a ti saliendo como un héroe cada día a las seis de la mañana de casa, para que el resto pudiera despegar.

Escucha:

te tomo el relevo.

Es el momento en el que tú puedas descansar,
ojalá te mires en el espejo
y sepas que en ningún momento hiciste nada mal,
que ahora ya eres un viejo
-desde el amor máximo-
que lo único que necesita es un rincón
en el que poder leer
y dejar de pensar. 

("Foto analógica en la que sales encendiéndote un cigarro y tienes patillas de los años 70" es una de esas cartas que escribimos y no damos en mano. De esas que tenemos atascadas en el pecho como flores abrazadas a la tierra)




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