martes, 20 de octubre de 2015

Carta a mí misma en la primera hoja de un cuaderno nuevo.

Todo lo que nos une y nos des-une
viajará contigo allá donde vayas.
21 años gritándonos y todavía no soy capaz
de explicarte con palabras
cuánto, cuánto lo siento.

Todo.
toda esta nada. 

Quizá fue el miedo o la duda o puede que el complejo
que vino con aquella enfermedad.
Nunca quise toda esta nada.
Nunca quise llegar hasta aquí. Así.

Si estuviera en mí borraría todo el pasado cargado de daño.
(Aunque ya no sería la persona que soy. Entonces, ¿quién sería?) 

Borraría el cúmulo de mentiras, la necesidad de llamar la atención,
de ser   p r o t a g o n i s t a .
Miradme. 
Borraría el desorden alimenticio, las venitas marcándose en mis pómulos,
en mis párpados.
Borraría tantos años que volvería a ser niña
contigo.
-Seguramente, así, no habría existido el insomnio-

Me gustaría pensar que nadie tiene la culpa. Que fue la situación, el contexto, la depresión en el resto, el monstruo que fue apretando un poco más,
un poco más
el corazón.
Pero no. Es mía. Toda m í a . Es mi culpa. Mis lloriqueos de niña de siete años, mi montón de mierda manchando el entorno. Mi "quién cojones soy".
Soy mi propia traidora. 

Y lo sé porque te dejé a un lado. Porque no escribí ningún libro. Porque dejé mucho tiempo -años- de hacer poesías. Porque fumé, bebí, y volví a fumar para apagar el cochino mundo en el que vivimos. Porque nunca me compré aquellas botas de lluvia amarillas. Porque dejé de ser yo. De ser tú.
Pero esta vez quiero que te quedes conmigo.
Te lo ruego: No vuelvas a irte, por favor.
Necesito mi niña interior. La necesito.
Te necesito.

Coge los mandos y lleva el control. Quizá no sea justo añadirte un alquiler y un trabajo mal pagado para comenzar. Pero de verdad. Te necesito. Me necesito.
Coge los mandos y lárgate a vivir en el mar, escribe como mínimo diez libros, cómprate las botas de lluvia y vete a pescar.
Haz todo eso que olvidé a los doce y que tan bien hacíamos. Vuelve a dibujar. A patinar. Coge la guitarra, reviéntate los dedos de tocar.
Te regalaré un piano si -te- prometes que te quedas aquí, a mi lado, que no te vas a marchar.

No borraré el daño. Lo sé. Seguirá existiendo.
Y aunque aparezca en forma de sombra por las noches, juro que lo voy a aceptar.

Me voy a abrazar.
Me voy a perdonar.

Como dijo Kase:
"Voy a mirarme en el espejo
y me voy a perdonar -por fin-
por el daño que me he hecho". 

Déjame volver a empezar,
una vez más.

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2 comentarios:

  1. Enhorabuena al remitente y al destinatario. Es bonito leer palabras que rasgan el papel. Aunque sea digital. Aunque sea ajeno. Aunque no sea blanco.

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    1. Gracias enorme a quien lo lee, lo disfruta, no sólo se queda en las palabras y nada más adentro, como tú.

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