martes, 15 de diciembre de 2015

No hables, no mires, no veas todo esto.

Estoy llena de flores húmedas, de césped frío, de noche abierta. 

Estoy llena de cánticos de niños que sueñan saben y gritan que pueden volar.
Estoy llena de amapolas rotas por ver cómo te fuiste la noche que lo hiciste. De saber que lo hiciste por el mensaje que leí a la hora que te marchaste. Que te marchaste y no supe ni llorar porque parecía abstracto, extraño, carente de realidad.

Estoy llena de flores húmedas, martirio constante el de abrir los ojos y parpadear.
Los cierro y me escucho y por qué no puedo dejar de escucharme ni un segundo.
Por qué no puedo ni un segundo cerrar el grifo del ruido, sentir que me he quedado sorda de mí, poder observar la nada y no sentir.
No sentirme gritando. No sentirme rasgando platos a oscuras. No sentirme tiritando en el frío suelo de azulejo al no saber callar a Sombra que me dice que qué es eso del complejo.

Qué-es-eso.

Estoy llena de flores húmedas, de nanas de mi madre cuando buscaba tréboles en mitad del bosque, de paseos en la montaña y gestos risueños, de pasado hecho pasado en mi propia mentira llena de dueños.
Te la regalo, a ti también, a ti también.
Deformado cuerpo carente de verdad, no fui nada más que un muñeco inerte que vagaba buscando un poco de caridad.

Quién va a querer besar el frío de la noche que descansa en tus párpados si no puedes ni cerrarlos, si no puedes soportar que no frenen de llorar, que no hay quien consiga callarlos.

Qué haré con el frío, con el miedo, con el ruido.
Qué haré con todo lo que he creado, que es mío, que me acompaña, que canta en mi noche, que me despierta sudando, que entra en sueños y me dice “estoy aquí, tranquila, sólo me quedaré mirando”.

Cuencas vacías, manos heladas, cuerpos carentes de ritmos.
Qué haré conmigo. Qué haré con el ruido.

Estoy llena de flores húmedas, de tierra húmeda, de labios húmedos.
Estoy llena de historias que fueron yo y que fueron yo y que volvieron a serlo y ojalá no hubieran sido nunca.
Estoy llena de coexistencia entre realidad y paranoia, habitación oscura, luz cegadora.

Busco a tientas el olor a mar.
Busco a tientas su melodía.

Busco a tientas apagar la náusea, frenar el llanto, callar a la niña que tengo dentro.
No hables, no mires, no veas todo esto”. 
No te mereces lo que tengo en el cuerpo. 

4 comentarios:

  1. ¡Hola!

    Me alegra muchísimo que te haya gustado, jo. Un abrazo grande y nos leemos <3333

    Gracias por la visita.

    ResponderEliminar
  2. Pero vivimos con todo eso, y surge la pregunta de cómo lo hacemos, cómo somos, cómo podemos ser.

    (Tenía el texto esperando a que pudiera leerlo desde que volví, y hasta hoy no he tenido tiempo. Y que gusto da leerlo)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Hola!

      Espectacular que me dediques un trocito de tu tiempo para leer el blog. Muchas gracias por ello, de verdad.

      <3

      Eliminar